Amor y Razón
Cuando se ama, no se razona
Cuando se razona, parece que no se ama
Cuando se razona después de haber amado, se entiende por qué se ama
Cuando se ama después de haber razonado, se ama mejor
Jorge Riosse
Cuando se ama, no se razona
Cuando se razona, parece que no se ama
Cuando se razona después de haber amado, se entiende por qué se ama
Cuando se ama después de haber razonado, se ama mejor
Jorge Riosse
El cerebro es un aparato biológico-eléctrico complejo. El más complejo que se conoce, a decir verdad. Pequeñas corrientes eléctricas viajan a través de él, y en todos los nervios interconectados, constantes, caóticas, y en grandes proporciones.
El caos es lo que impera, y lo que manda. Los patrones de pensamiento son una clara muestra de la más pura generación aleatoria de eventos. Intervienen muchos factores, una basta y risoria cantidad de conexiones aisladas, generando estímulos en momentos separados, independientes, asíncronos. Y las respuestas son estudiables, medibles, esperadas o deducidas. Pero nunca predecibles.
Y así vivimos día a día. Atados a una ecuación indeterminada que dicta nuestros pensamientos y nuestras reacciones. Muchas veces, en la cotidianeidad del fenómeno maravillosamente complejo del pensamiento, nuestra psique se desgasta queriendo reposar en una maquinaria tan acelerada, tan ruidosa y potente, pero irremediablemente desbocada. El tedio de nuestro espíritu al enfrentar las posibilidades de pensamiento que nuestra fisiología es capaz de proporcionarle a veces se refleja en nuestra propia conducta. Tendemos a adoptar las rutinas, las costumbres, y caemos en un juego cíclico y cronológico que ahoga, en mayor o menor medida: nuestras metas y pensamientos.
Pero nunca subestimos la energía vital frente a las limitantes somáticas. Extraño es el funcionamiento de la mente. E igualmente misteriosa es la interacción de las ánimas mas allá de la soma. A veces, muy de vez en cuando pasa que se topan dos esencias pares, armónicas. Notas escritas para ser tocadas en la misma sinfonía vital. Y es tal la energía generada que, milagrosamente, el gran mecanismo corporal se contagia y adquiere eso para lo que no fué naturalmente diseñado: armonía.
El vaivén estrepitoso y arrítmico se normaliza y compone. Las imágenes dispares e incoherentes se agrupan y alinean en simetria caleidoscópica. Todo anda bien, todo cobra un sentido. Y es entonces cuando la resolución de vivir es vigorosa, clara e inexorable.
Si ya has sentido esa eufonía llegar a tu existencia, eres muy afortunado.
Y me deja las mejores experiencias. Los más gratos recuerdos. Y sobre todo: profundas y muy buenas enseñanzas.
Después de crecer, explorar, ensayar, errar y al final atinar; 2009 es definitivamente un año de definición personal. Me ayudó a identificar plenamente lo que soy, y lo que quiero. Eso lo convierte en el año mas valioso.
Si formaste parte de este pequeño gran viaje: ¡Muchas Gracias!
Estaba mirando el cielo nocturno. Después de unos instantes todo empezaba a cobrar claridad. Alejando la vista de la hermosa luna que iluminaba el tenue y azulado paisaje, un pequeño rincón del cielo, afortunadamente abandonado de nubes y ruido ambiental, mostraba su profunda y soberbia obscuridad, extraordinariamente nítida.
Pero yo sé que hay algo más ahí. En el fondo. A pesar que estás muy lejos, a pesar que esa abismal distancia no me deja verte: estás.
Estás y te percibo, a través de sentidos que no son los habituales, a través de sensaciones que no son las conocidas. Y no es una presencia vaga o endeble. Es contundente, es vasta, me envuelve y llena… y me llama.
Tarea del científico es: hacerse de los medios para ir y conquistar ese Quásar.