Bueno, al decir verdad ya me siento bastante superficial por esta onda de escribir 3 post consecutivos acerca de salud alimenticia y demás cuestiones extra-hormonales que harían al público sospechar que tal vez alguien me inyectó progesterona.
Pero no es así, es simplemente que al ver mi acelerada ganancia de peso (y escuchar los comentarios de todo conocido mío: “hay, que cachetón te has puesto”) pues me entregué a ese siempre difícil acto de comenzar a hacer ejercicio, y cuidar mis horarios de comida, y demás cosas que uno hace cuando ve que poco a poco la residencia permanente se está cayendo en cachitos.
Y hoy en la mañana me dí cuenta que desde que empecé (como a principios de diciembre) hasta hoy, he perdido la fabulosa cantidad de 6 kilitos. Ahora ya peso 83, y espero volver a esos añorados 76, dónde todavía era considerado una gente normal, y no el “cachetón” del grupo.
A ver que pasa, pero por lo pronto todo luce optimista
- ¡Dios mío!, ¡come como cerdo!
- No, los cerdos mastican. Más bien come como pato






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