El cerebro es un aparato biológico-eléctrico complejo. El más complejo que se conoce, a decir verdad. Pequeñas corrientes eléctricas viajan a través de él, y en todos los nervios interconectados, constantes, caóticas, y en grandes proporciones.
El caos es lo que impera, y lo que manda. Los patrones de pensamiento son una clara muestra de la más pura generación aleatoria de eventos. Intervienen muchos factores, una basta y risoria cantidad de conexiones aisladas, generando estímulos en momentos separados, independientes, asíncronos. Y las respuestas son estudiables, medibles, esperadas o deducidas. Pero nunca predecibles.
Y así vivimos día a día. Atados a una ecuación indeterminada que dicta nuestros pensamientos y nuestras reacciones. Muchas veces, en la cotidianeidad del fenómeno maravillosamente complejo del pensamiento, nuestra psique se desgasta queriendo reposar en una maquinaria tan acelerada, tan ruidosa y potente, pero irremediablemente desbocada. El tedio de nuestro espíritu al enfrentar las posibilidades de pensamiento que nuestra fisiología es capaz de proporcionarle a veces se refleja en nuestra propia conducta. Tendemos a adoptar las rutinas, las costumbres, y caemos en un juego cíclico y cronológico que ahoga, en mayor o menor medida: nuestras metas y pensamientos.
Pero nunca subestimos la energía vital frente a las limitantes somáticas. Extraño es el funcionamiento de la mente. E igualmente misteriosa es la interacción de las ánimas mas allá de la soma. A veces, muy de vez en cuando pasa que se topan dos esencias pares, armónicas. Notas escritas para ser tocadas en la misma sinfonía vital. Y es tal la energía generada que, milagrosamente, el gran mecanismo corporal se contagia y adquiere eso para lo que no fué naturalmente diseñado: armonía.
El vaivén estrepitoso y arrítmico se normaliza y compone. Las imágenes dispares e incoherentes se agrupan y alinean en simetria caleidoscópica. Todo anda bien, todo cobra un sentido. Y es entonces cuando la resolución de vivir es vigorosa, clara e inexorable.
Si ya has sentido esa eufonía llegar a tu existencia, eres muy afortunado.







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