Ha llegado papá. Trajo consigo uno de esos juegos que tanto anuncian. “Existencia” dice el paquete en grandes y brillantes letras.
Quiere que aprenda los principios de la creación, y nada mejor que aquel pequeño muestrario a escala. Hay de todo: galaxias en varias formas, como esas tan bonitas en espiral. Nebulosas, supernovas, quásares. Es un juego bastante completo.
Llevo horas observándolo. Las interacciones son fascinantes. He visto la creación y destrucción de varias simulaciones en un contínuo vaivén. Todo tipo de colores y luces; instantes de calma y momentos sumamente divertidos y brillantes.
Llamó mi atención hace un rato algo, que no le dí tal vez la debida importancia. En una de esas grandes galaxias en espiral de la periferia, comenzó a haber un bullicio espectacular. Un brillo muy fuerte, y luego nada… Como una cerilla que se enciende, ilumina y se extingue. Ahora hay un poco más de esos en otras galaxias y duran un poco más. Al final parece que me quieren decir algo, ¿quién sabe?
Mamá ya terminó la sopa, mejor me voy a comer.






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