Quásar II

Estaba mirando el cielo nocturno. Después de unos instantes todo empezaba a cobrar claridad. Alejando la vista de la hermosa luna que iluminaba el tenue y azulado paisaje, un pequeño rincón del cielo, afortunadamente abandonado de nubes y ruido ambiental, mostraba su profunda y soberbia obscuridad, extraordinariamente nítida.

Pero yo sé que hay algo más ahí. En el fondo. A pesar que estás muy lejos, a pesar que esa abismal distancia no me deja verte: estás.

Estás y te percibo, a través de sentidos que no son los habituales, a través de sensaciones que no son las conocidas. Y no es una presencia vaga o endeble. Es contundente, es vasta, me envuelve y llena… y me llama.

Tarea del científico es: hacerse de los medios para ir y conquistar ese Quásar.

Un comentario

  • María Jubella
    enero 3, 2010 - 4:03 am | Enlace permanente

    Colosal expresión escrita, Omar.

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