Pues bueno, parece que fué ayer apenas cuando repasaba mentalmente y ponía en práctica las bondades de ser meticuloso y precavido a lo hora de elegir lo que se come. Y con muy pocos días de práctica, todo parecía ir bien. Jaja.
Triste es la realidad
Sucece que desde el miércoles pasado, y hasta el sábado (6 – 9 Dic) fui, por cuestiones de trabajo, a Jalisco, específicamente a Guadalajara, Ameca, Cocula y demás pueblos conocidos de aquella tranquila y bohemia región. Y pues, con anfitrión, con gastos pagados, y sin ganas de decir que no, nunca está de más darle una “probadita” a toda la amplia gama de sabores y estilos culinarios peculiares que a uno se le pone en frente.
Y luego el pobre estómago paga las consecuencias. Dolores intensos de agruras en la noche, despertar súbitamente con sudor frío en todo el cuerpo. Sintiendo como toda la maquinaria está trabajando a marchas forzadas, con exceso de carga y en horas extras (y sin paga).
Pero a la hora de la hora, de lo último que hay que preocuparse es de las consecuencias. Después de todo, esas llegan después…
Saludos






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