Noche de Domingo, y llego al final de un día que en verdad necesitaba tener. Después de unos momentos de crisis existencial y deriva por la vida, viene la calma y todo comienza a tomar su lugar de nuevo. O al menos vuelve esa disposición extraviada, y que extrañé tanto. Es algo aterrador pensar que tal vez la fuerza de voluntad se va para siempre, y que al final de todo sólo seremos alguien que sigue su camino por la vida simplemente sobreviviendo, y haciendo lo suficiente (o menos).
Porque uno tiene sueños, metas, pendientes, ¿y qué pasa si de pronto ya no tenemos ganas de hacerlos? Pasa lo que me ha ocurrido a mí los últimos días, una frustración insoportable, una misteriosa impotencia para luchar contra la desidia. No sé si se han sentido así alguna vez, pero es un conjunto de ideas y sentimientos encontrados, radicalmente opuestos, y al final, cuando las cosas caen por su propio peso, y el horizonte se aclara, nos damos cuenta que después de todo es sólo una tormenta en un vaso de agua. Porque, al final, el mundo no se terminó, la vida sigue, y dependerá de nosotros solamente seguirla, o seguir en nuestro letargo, “…Al lado del camino, fumando el humo mientras todo pasa…”. Por lo pronto yo tomé la decisión (no autónoma) de seguirla, gracias a una serie de situaciones que han terminado de abrirme los ojos. Misteriosos son los caminos del señor, pero no olvidemos nunca que siempre está presente, y no dejemos pasar sus manifestaciones.
“Levántate y Anda” (pequeña frase con gran significado)






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